Qué extraño placer el de hacer un itinerario tan férreo y libre a la vez! En mi botella que se derrama hacia el delta paso por mi antigua casa, que ya no es mía, y tal vez esta sensación la entiendan mejor quienes cargan con muchas mudanzas en su historia, pero es notable como ese espacio tan privado, tan íntimo y tan propio como es el hogar puede volverse tan ajeno y extraño. Creo que los lugares los llevamos con nosotros, pues deben estar construidos con los recuerdos que en su interior se forjan. Uno es su propio hogar.
Mi recorrido pasa frente a la que fuera la casa de profesora de catequesis. No le presté demasiada atención, pero aunque no recuerdo cómo se llama recuerdo que bonita me parecía, creo que siempre la miré sin escucharla.
Justo en frente de ella, sobre Zatti vivía mi gran amigo, Rodrigo.
El contorno de la botella pasa rasante por mi antigua escuela. Nunca me animo a entrar a viejos lugares, temo que algo haya cambiado, y percibir tal cambio.
El tapón de la botella, metonímicamente, apunta a la costanera. Recuerdo superpuesta la imagen actual con la agreste de mi infancia, cuando había que cuidarse de "las lombrices con patas, que pican", y que hasta se podían pescar pejerreyes desde la costa.
Un trayecto urbano, y habitual, con un leve cambio de enfoque es suficiente para evocar más cosas de lo que puedo describir.
"Andar una ciudad es desandarla, construirla y volverla a construir, mirarla hasta que ceda sus misterios, hasta percibir sus dimensiones en el tiempo". Murrieta Rodriguez
Qué extraño placer el de hacer un itinerario tan férreo y libre a la vez! En mi botella que se derrama hacia el delta paso por mi antigua casa, que ya no es mía, y tal vez esta sensación la entiendan mejor quienes cargan con muchas mudanzas en su historia, pero es notable como ese espacio tan privado, tan íntimo y tan propio como es el hogar puede volverse tan ajeno y extraño. Creo que los lugares los llevamos con nosotros, pues deben estar construidos con los recuerdos que en su interior se forjan. Uno es su propio hogar.
ResponderEliminarMi recorrido pasa frente a la que fuera la casa de profesora de catequesis. No le presté demasiada atención, pero aunque no recuerdo cómo se llama recuerdo que bonita me parecía, creo que siempre la miré sin escucharla.
Justo en frente de ella, sobre Zatti vivía mi gran amigo, Rodrigo.
El contorno de la botella pasa rasante por mi antigua escuela. Nunca me animo a entrar a viejos lugares, temo que algo haya cambiado, y percibir tal cambio.
El tapón de la botella, metonímicamente, apunta a la costanera. Recuerdo superpuesta la imagen actual con la agreste de mi infancia, cuando había que cuidarse de "las lombrices con patas, que pican", y que hasta se podían pescar pejerreyes desde la costa.
Un trayecto urbano, y habitual, con un leve cambio de enfoque es suficiente para evocar más cosas de lo que puedo describir.